jueves, 27 de noviembre de 2014

En la mañana.

En la mañana se perfuman los otoños.

Recaen las florituras y se desperezan los andares.

Resuelto, consciente, recorro el camino que el horizonte me ha impuesto.

Cruzo avenidas, descalzo, con la sonrisa de quien no pretende nada, de quien no añora el futuro.

Los alientos, los reproches, las conciencias no me atañen.

Rebusco en profundos bolsillos nacarados los restos del ayer, las migajas de los inquietos.

Pronto hallará bellezas salidas de portales faraónicos, muchachos tocados por el desenfreno y el apocalipsis.

Mi camino no terminará en un día ni en ciento.

Luego, al despertar, reviviré la tristeza.

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