martes, 18 de noviembre de 2014

No hay ruinas.

No ha ruinas,
no hay tesoros vacíos;
tan sólo hay delirios y abrazos.

Nadie necesita un otoño imprevisto.  
Lleno de plenilunios la noche.

Algo menos caótico que un despertar.
Algo respirable como el verdor.

Hablo de la tempestad porque no conozco infiernos ni firmamentos.

El alma recordó su pasado;
fue algo más que un cuerpo
y una historia.

No creo en mi desnudez,
solo ofrezco manos sensibles
y labios educados para el amor.

2 comentarios:

  1. Manos sensibles, que rocen con ternura el amor.
    Bella estrofa poética, un placer leer tus letras.
    Gracias Julio por estar.
    Un abrazo Julio

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