lunes, 10 de noviembre de 2014

Tacto para el asombro.

Tacto para el asombro,
para un imperio desnutrido.

Te amaré aunque se quiebre la noche,
aunque desfallezcan mis manos.

Sin antifaz ni desamor.
Sin histeria ni desesperanza.

Torpe, pero enamorado.
Exhausto, pero indestructible.
Melancólico, pero sin recuerdos.

Qué la suave luz te arrulle,
qué la dulzura visite tus sueños.

Un peso mayor que tu frialdad,
un diamante más efímero que tu piel.

Oí cantar a los que no estaban.
Limpié los muebles que te esperan.

Creo en lo que brilla,
creo en quien me lee,
creo en quien me ignora,
creo en quien aplaude
mi lunática obsesión.

Salía el sol cuando te pensaba.
El tiempo no interrumpía mi lisonja.

La garganta de un cantor enamorado,
el delirio de un poeta tardío.

Mis viejos zapatos resistieron la soledad de un mes sin luna.

La alegría de unas palabras recién llegadas.

Olas inmensas de versos redondos,
poliédricos.

He borrado la frialdad de mi corazón.
Nadie esperará la lluvia de mis ojos.

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