jueves, 27 de noviembre de 2014

Vendedores de nada.

Vendedores de nada,
maestros de la locura final.
Guionistas de último truco,
del último mortal.

Trovadores dormidos sueñan con versos recónditos.
Mundos inciertos les prestan sus manos.

Perseguir asombros,
morir en cada palabra,
destruir el tiempo baldío.

No ser el hazmerreír de un mundo en sepia.
Intentaré nacer en otro lugar, en otro menos trágico.

Sin principio, sin fin, sólo recuerdos anidados y excéntricos.
Suaves bendiciones rastrean mis huellas imperfectas.

En algún lugar, los vientos serán fieles seguidores de la noche.
Nunca diré que no al resto de mi vida.

Sin pensar en ayeres ni en tiempos incompletos.
Extinguida la primera estrella, buscaremos nuevos mundos.

Corazones libres de penas, listos para nuevos arrullos.
Atónito, sin magia ni desidia, abrazo los últimos versos.

Atrevido, incesante, ajeno a los vaivenes nostálgicos, esperaré sin miedo, sin recato.
No quedará mucho más que hacer, tal vez, vivir sin destreza, pero con esperanza.

Dentro de un recipiente de colores modernos, en una habitación sin vistas.
Las noches son de los bebedores de vida,  de los diestros con la pureza.

Redefinir aquellos gestos que hicieron felices a las estrellas.
Iniciado en los verbos menos trágicos, en los que cuentan

Talismanes envueltos en frágiles celofanes, en singulares nenúfares.





2 comentarios: