jueves, 22 de enero de 2015

Una marea tan dulce como enimágtica.

Una marea tan dulce como
enimágtica.
Tras de sí una legión
de recuerdos.

Salados los ojos, invisible la piel.
El fuego no estará tan sólo
en tus manos.

No fui herido;
se resquebrajaron mis enigmas.
Alguien olvidó su reflejo.

He visto a los hombres
abrigar a las bestias.
He oído cantar canciones
a seres olvidadizos.

Ya es hora de decidir
qué palabras son sinceras,
qué homenajes son merecidos.

Nos vigilarán los necios.
Hablarán de nosotros los
defensores del mal.

JulioElpuente

2 comentarios:

  1. Este poema me ha gustado un montón, muy en especial estos versos:
    "Ya es hora de decidir
    qué palabras son sinceras,
    qué homenajes son merecidos."
    Para reflexionar y para deleitarse.

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    1. Eres muy amable, Alejandra. Muchas gracias.

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