sábado, 27 de junio de 2015

Se olvidan los olvidos.

Sé que te reeliste lo
que amaneció en mi pecho.
Sé que le hablaste
a mis cenizas.
Sé que fue un ahora
sin principio ni final.

Solo canciones olvidadas,
solo máscaras despiadadas,
solo un carnaval
de frialdad y lágrimas dulces.

Se olvidan los olvidos cuando
el principio es el final de lo
que las raíces no supieron
esconder.

Satisfizo el anochecer mi
lengua reseca.
Desecó el día el océano de
mis sueños,
la humedad de mis bisoños
labios.

Sentado al borde de un mundo
de hidrógeno y mentira.
Salpicado de las miasmas
de seres hercúleos y onanistas.

Soñé que soñaré -cuando
no me queden más fuerzas-
con otro estío de belleza menos
efímera,
con otro atardecer sin los
colores tamizados del
agua.

Foto de Ben Canales.

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