viernes, 7 de agosto de 2015

La frontera de un jamás imaginario.

Escuchar sin prejuicios.
Prerrogativas de un alma
que vivió para vivir,
que sucumbió a la velocidad
de lo azul.

Se coló por ventanas
cuarteadas de recuerdos. 
Se reunió con los mefistófeles
del descaro,
de la elegancia compartida.

La frontera de un jamás
imaginario.
La quintaesencia de un cuerpo
desnudo,
ahíto de esperanzas secas.

Vetusto jardín de poemas
extraños.
Estruendo sin final posible.
Baile carnoso y emparedado.

Preguntas que rozaron la
columna sagrada.
Misivas llegadas de mundos
antropófagos.
Ciudad enjuta, visceral y
maloliente.

Espacio preñado de mares
y platas.
Lunáticas tardes recubiertas de
vino y sueños;
llegaron las verdades para
morir jóvenes.

Ni imbécil ni genio;
hijo de un ayer vacío,
siervo de un presente onírico,
cínico espectador de un
futuro miserable.

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