miércoles, 12 de octubre de 2016

Las sonrisas de ojos brillantes.

Tras la puerta del dolor
se adivina el frío ayer.
A través de las rendijas
de la inquietud se huele
la desnudez del alma.

Sobre el hombro descarnado
duerme el inútil pasado.
Ojeroso despierta el espíritu
olvidado, relegado.

Desde la desidia, la vida
reinventa los colores y las
penas.
Las ubres amargas alimentan
los estómagos fosilizados,
lechosos, inusitados.

Quizá los acordes fulgurantes,
las palabras desmedidas,
las sonrisas de ojos brillantes,
podrán deshacer lo que no es
brisa ni dulzura. 

JulioElpuente

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