El olivo, herido de crueldad y de pena, ya no puede remediar el miedo de los caminantes a la orilla del mar, al horizonte baldío.
El olvido, erigido en muro infinito, mezcla sus raíces con las del silencio; se vuelven tormenta y vacío, herida e inquietud.
Me trasladaré a algún lugar inventado; a uno con baldosas amarillas, o a otro donde compartir una fruta no sea pecado, o a alguno donde la miseria sea tan solo un sustantivo sin futuro.
JulioElpuente