lunes, 19 de septiembre de 2016

Cenaré versos y rosas.

Me alimento de cruel
rutina.
No sufro porque no
invento sueños.
Mis manos alardean
de su inverosímil negrura.

Sé que mi destino es
tan ruin como inexistente.
Aún así, a solas con
mi pecho, añoro lo
no vivido,
increpo a lo que en mí
hay de inmortal.

Cenaré versos y rosas.
Rodearé, con brazos
de un cuerpo antiguo,
a quien desgrana los
verbos y las prosas.

Los nombres se borraron.

Es su noche mi
destierro,
su cumbre mi
anhelo,
su lecho mi
muerte.

Guardo colores que no
conozco,
idiomas que no
entiendo,
canciones que no
escucho.

Los nombres se
borraron,
o los borraron,
no sé.
Los días se perdieron
tras insomnios inútiles.
Los velos cubrieron
rostros sin vida.

El universo envejece
a sus pies.
No conozco el nombre
de todas las rosas,
pero sí el todos
los besos.

JulioElpuente

Algún día volaré.

¿Por qué me duele la
voz si no rezo ni camino?,
¿por qué olvidé los desnudos?,
¿por qué amanecí sin miedo?

Mi país helado se
disfraza de noche y
de vida.
Mi blanca ciudad se
desmigaja como arena
huidiza.

No aprendí nada.
No escribí nada.
No leí ni amé,
no descansé ni dormí,
no velé ni lloré.

Pero algún día volaré
sobre las cornisas
resplandecientes,
sobre los nichos
rosados,
sobre las sillas
vacías.

JulioElpuente

domingo, 4 de septiembre de 2016

Nunca morirá su luz.

Adoro tus manos de
faraónicos hilos.
Sus fibras únicas; de
lustroso oro, de sin par
dulzura.
Esas manos que te
abrigan del sol cegador.

Respiro el olor de tu piel
de romero agreste,
de cítrico azahar.
Nunca morirá su luz.

Tus ojos no conocen
el hielo.
No amaron ayer ni mañana;
aman hoy.
Desintegran el odioso
amanecer.

Tus pechos deambulan por
el laberinto de mis besos.
En cada recodo se
estremecen,
en cada encrucijada se
pierden.