jueves, 30 de abril de 2015

La luz eterna.

Creo en el hoy de
de un poeta rubicundo.
Descubro el ayer de
unos ojos cincelados.
Viviré del mañana que
se derrame cual vid.

Los ojalás no escucharán
reproche alguno,
ni penas con sordina,
ni porqués atados de
pies y nudillos. 

En mi escalera no
pernoctan los versos
de Whitman,
en mi alcoba vive la
luz eterna.

Mis brazos sueñan,
halagüeños, estupefactos,
derramados en el infinito.
A mi cuello no lo
domestica el viento.

Nunca será demasiado
tarde para que nuestros
pechos vivan un
estruendo único,
una comunión memorable.

Sentí el perfume del destino
anudado a un desnudo
ancestral.
Una piel, rosada y densa,
encubrió un tatuaje incoloro,
un arpegio grisáceo.

He reservado una nube
acolchada,
una promesa infalible,
una adicción legal,
un axioma cuestionable...
un resplandor idéntico
a tu suspiro.

4 comentarios:

  1. He reservado una nube
    acolchada,
    una promesa infalible,
    una adicción legal,
    un axioma cuestionable...
    un resplandor idéntico
    a tu suspiro.

    Eres maravilloso... Un beso.

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  2. Que bello JULIO ,yo quiero una almohada de nubes,para disfrutar tú poesía. Gracias un abrazo.

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