lunes, 23 de noviembre de 2015

Y de aquí al mañana.

Visito la longeva mañana
del día que resucitó.
Me adueño de sus
insignificantes horas,
de su piel cortada,
de su rastro fértil.

Me encamino hacia
donde una vez estaba
el cielo.
Trazo los verbos sin nombre,
revivo los olores muertos,
escucho mi débil aliento.

Una fe sin Dios ni patria
me alimenta.
Una humedad, cercana a
lo femenino, me sonroja.

Y de aquí al mañana,
y del mañana al ayer,
y de lo oscuro a lo bello,
y de lo bello a lo increíble.

Seré lo que el coraje me
permita ser,
aunque no duerma junto
al mar,
aun así, tendré un nombre
y un porqué.

Las sombras sobreviven
a la hoguera del tiempo.
La voz resucita mi alma
alcalina.

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