lunes, 23 de enero de 2017

Celos textiles.

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca era tan extraño como los espíritus que contenía. Allí dentro, durante la noche, las prendas cobraban vida.
El peripuesto esmoquin, en un ataque de hombría, le pidió matrimonio a la blusa carmesí.
"Es halagador -dijo ella-, pero mi corazón pertenece al pantalón vaquero".
"¿Cómo es posible que prefiera a ese andrajo?", pensó él.
Después, mientras todas las prendas charlaban animadamente, el esmoquin se acercó al distraído vaquero y con una percha vacía le propino varios cortes en las perneras.
Ante sus gritos todos se acercaron. La blusa dio un respingo y musitó:
"¡Oh, estás aún más bello, y tan moderno!"

JulioElpuente

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