lunes, 19 de septiembre de 2016

Cenaré versos y rosas.

Me alimento de cruel
rutina.
No sufro porque no
invento sueños.
Mis manos alardean
de su inverosímil negrura.

Sé que mi destino es
tan ruin como inexistente.
Aún así, a solas con
mi pecho, añoro lo
no vivido,
increpo a lo que en mí
hay de inmortal.

Cenaré versos y rosas.
Rodearé, con brazos
de un cuerpo antiguo,
a quien desgrana los
verbos y las prosas.

4 comentarios:

  1. Siempre quedará ése halo de esperanza para bien o para mal, pues en estos versos creas la petición de querer, algo más.

    Melancólico, que lo hace aún, más bello.

    Besos, Julio.

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    1. Qué amable e indiscutible tu comentario, Yayone.
      Un beso.

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  2. La rutina se conjuga con lo no vivido y hace de cada lamento suspiro , se escapa el aire, deseamos ser rocio que abraza las rosas y espinas con cada suspiro.

    Mi abrazo de luz

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