domingo, 4 de septiembre de 2016

Nunca morirá su luz.

Adoro tus manos de
faraónicos hilos.
Sus fibras únicas; de
lustroso oro, de sin par
dulzura.
Esas manos que te
abrigan del sol cegador.

Respiro el olor de tu piel
de romero agreste,
de cítrico azahar.
Nunca morirá su luz.

Tus ojos no conocen
el hielo.
No amaron ayer ni mañana;
aman hoy.
Desintegran el odioso
amanecer.

Tus pechos deambulan por
el laberinto de mis besos.
En cada recodo se
estremecen,
en cada encrucijada se
pierden.

4 comentarios:

  1. Esta oda solo tiene una palabra para la otra parte...Adoración.

    Maravilloso.

    Besos, Julio.

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  2. Palabras, miradas y ..

    Luz


    La de quienes nos encienden el silencios

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  3. Necesitamos luz, mucha luz!
    Abrazos, Athenea.

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