martes, 8 de noviembre de 2016

Palabras nacidas de la tierra.

Palabras nacidas de la
tierra,
tiernas por el fango,
adornadas por la luz,
inquietas por la brisa.

Desde lo más profundo
renace el verso dormido.
Desde la carne veteada
surgen los ríos y las olas.

Detén mi brazo oblícuo,
destapa mis sesos de
poeta tardío.

Sazona el frágil vientre
que llora y masculla para
no morir,
para no envejecer.

Silba mi nombre para
que el viento no me
olvide,
para que nada desaparezca.

JulioElpuente

4 comentarios:

  1. Aunque se tengan fisuras en el cuero, el dolor ya solo escuece, y en ese halo de esperanza el poeta despierta el verso dormido, y vuelve a parirlo, porque aún siente en su fragilidad qué, no está todo perdido.

    Tocas mí alma, con tu queji'o.

    Un beso grande, Julio.

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    1. Un abrazo enorme para ti y de mi alma para la tuya, Yayone.

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  2. Me ha gustado ese emotivo poema y especialmente ese:
    Silba mi nombre para
    que el viento no me
    olvide,
    para que nada desaparezca.

    Un saludo

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